viernes, 20 de diciembre de 2013

3 tentativas erradas para iniciar este blog, número 1: Despecho Intelectual




Bueno, a decir de muchos; el temor nos convierte en seres humanos. Es un instinto básico y necesario. El temor hizo que nuestros antepasados sobrevivieran. El temor a la naturaleza (lo desconocido) creó la teología, el temor al universo (lo maravilloso)  engendró a la física y la filosofía, el temor a los otros (el más injustificado) dio paso al autoconocimiento y, por supuesto (y mucho antes que a todos los anteriores) al arte.

Carrole King, Tapestry.
He experimentado muchas veces ese curioso temblor en las piernas cuando me encuentro con una persona real. No puedo tocarla, su olor me trastorna, y me siento tan impotente que los dedos no me obedecen. La mayoría de las veces termino actuando como un idiota. Ahora, si declarara esto a un psicólogo seguramente encontraría una bonita explicación a esta mierda; una explicación que echaría por tierra el romanticismo con el que yo quisiera justificar mi falta de “arrestos”.

La verdad es que me desespera y me gustaría evitar que sucediera. Por otra parte, sería injusto decir que esto no me hace sentir vivo pero muchas veces, la muerte no es la falta de vida sino la sobreabundancia de sensaciones.


El otro día, por intermedio de I…, conocí a una chica austriaca en una fiesta callejera, una fiesta de pueblo para ser más precisos. Fui con una amiga norteamericana, quien había decidido acompañarme unas horas antes. La austriaca se llamaba M… y tocaba el violín, la viola, pintaba y apreciaba el arte (sin olvidar su fantástico cuerpo). En definitiva, pertenecía a uno de los rincones más antiguos, olvidados y subyacentes sobre mi ideal de pareja. No sé qué imagen podrían tener muchos de ustedes sobre tal imagen. 
Existen la Venus de Milo o la de Boticelli. Esas descripciones se ajustan a ensoñaciones muy primitivas en los hombres; un ser humano entronizado en una especie de sopor cósmico. Un slow motion ralentizado infinitas veces y que parte de nuestra cabeza y por supuesto, de nuestro temor. Lo peculiar, de esta sensación, es que tiene la engañosa ilusión de hacernos pensar que podemos conocer todo acerca de alguien. En mi caso, la primera imagen que se me vino a la cabeza con M...fue Carole King; en la portada de su disco Tapestry.
Solo le faltaba un gato.-pensé. No deseo hacer un retrato preciso de M... porque,  la verdad, si bien los detalles físicos no dejan de ser importantes se tornan un tanto dolorosos.

Yo había dejado de beber casi por cuatro meses, a raíz de la muerte de mi madre. El alcohol me transforma, hasta cierto punto, y existen dos posibles bifurcaciones o resultados. Si tomo la dosis correcta me vuelvo encantador y es como si a ratos fuera realmente yo; un pequeño monstruo fino y seductor que podría tomarse el mundo. En cambio si exagero sería capaz de cualquier vileza o humillación. Ella me coqueteó y casi ni me inmuté. Hace tiempo no estaba en el ejercicio de cortejar a una verdadera mujer.  Todo esto se debe a que últimamente he salido con estropajos inútiles.

Descubrí entonces, que la mejor receta para no ser común es castrar lo que sientes justo en el momento oportuno. Ella parecía acercarse más a mí mientras debido a mi comportamiento melancólico y mi humor negro; dos características letales a la hora de conquistar una persona interesante (según mi experiencia). En cambio, yo la repelía y procuraba pretender ser más interesante. Un juego estúpido que siempre tarda en surtir efecto. Si pudiera resolver las cosas pasadas, sin atormentarme en el futuro, supongo que sería un tanto más feliz, quizás no mucho más que ahora, pero bastaría.

Bebí demasiado, bebí demasiado. No sé como regresamos a la ciudad. No sé cómo sobreviví. Bebí demasiado, bebí tanto que me adormecí pesadamente y tuvieron que llevarme a rastras. Mi inconsciencia junto con el nivel alcohólico de la persona que me cargaba -supongo que I..-, hicieron que sufriera un esguince en el tobillo y despertara en la casa del mismo I…casi sin poder caminar. M… estaba dormida, mi amiga deseaba irse. La muy imbécil, podía irse sola. Puse cualquier pretexto (como si mi tobillo lastimado no bastara) para continuar allí. M…despertó, hablamos un poco. I…debía hacer una diligencia y decidió llevársela. Debo aclarar que días antes I…, me había dicho que estaba saliendo con dos mujeres al mismo tiempo; una muchacha de Suiza, que estaba en la fiesta, llamada V… y por supuesto M…. Así que a regañadientes M…lo acompañó. A regañadientes (debido a mi dolor de tobillo, claro) yo también me fui.

No hay comentarios:

Publicar un comentario